El Tetris de la vida
Análisis del texto Mateo 6.26
Nota preliminar: este texto no va de religión ni de política.
El afán y la ansiedad
"26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."
En este texto podemos ver la idea del creador como fuerza infinita que nos eleva y nos lleva a un estado de rendición, que no de exilio. Nos acerca a Israel, y nos aleja de Egipto.
La idea de soltar el control adquiere una mayor importancia en el mensaje que se nos revela a través de este pasaje bíblico y de la Torah. El concepto de soltar se nos presenta claramente a lo largo de todo el texto como metáfora oculta para aquellos que están en Israel, la conciencia elevada y la que forma parte del infinito, de nuestra esencia divina.
Las aves y los lirios se limitan a ser, y aún así reciben. La idea de la escasez es otro concepto que se nos presenta en este texto tan rico de Mateo. Viene a decirnos que la escasez no existe, es todo cuestión de confianza y fe. Dejar fluir es el mayor regalo que tiene el ser humano, porque con simplemente existir, se llega a la mayor conciencia habida y por haber. La conciencia del faraón es la que así nos inculca el miedo, la necesidad de trabajar duro para recibir y eso nos desconecta totalmente de la matriz, nuestra esencia fundamental.
El faraón habla desde la rebelión porque su sistema nervioso está a la defensiva, regocijándose en sus sombras más profundas y siendo esclavo de su propia cruz.
Esta figura viene a mostrarnos una luz no revelada pero que esta empujando para salir, como un bebé. Algo parecido al Tzimtzum. Salir de esa esclavitud estancada en la escasez es el regalo que el faraón nos deja antes de que el templo se desmorone y quiebre del todo.
¿Qué comeremos? ¿Qué vestiremos?... La incertidumbre. El no saber te hace rico, pero el no querer saber te hace infinito. Te conecta con la luz del creador, la inteligencia suprema anula todo lo que se le superpone, y cuya fórmula no permite alteraciones. Es fija, porque es verdad. Es eterna porque es luz.
¿Y qué es la luz? Una expresión divina del Ein Sof, del sin fin. Pero toda la luz no cabe en la tierra porque sino el templo mayor se destruiría y nada tendría sentido. Todo tiene un propósito. Ese propósito es alinearse con el reino de Dios. No será mediante de la búsqueda de un codo para añadir a nuestra estatura que nos purificaremos de la sombra que nos muestra el faraón. Ese afán te desconecta de la energía divina, te desconecta de tu esencia y por consiguiente te limita.
Lo tenemos todo, pero no sabemos verlo. La luz no está preparada para ser revelada por doquier. El propósito de la luz es quedarse dentro de ti, ser integrada, pero esta no cabe en un cuerpo que la va a vomitar porque sino explota.
Deshacernos de nuestras creencias nos conecta con el todo. No creer lo que sabemos es la esencia de la unidad, ya que todos somos uno. Nos reencontramos para sanar una y otra vez, en ese ciclo tan bonito llamado vida.
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